jueves, 22 de enero de 2026

Zaha Hadid: Única mujer ganadora del Premio Pritzker

 


Zaha nacíó el 31 de octubre de 1950 en Bagdad (Irak). Su padre, Mohammed Hadid, fue un empresario que fundó una formación política de izquierdas en 1932 y que, entre 1946 y 1960, fue vicepresidente del Partido Nacional Democrático iraquí. Su madre, Wajiha al-Sabunji, que también provenía de una familia bien, le transmitió la pasión por el dibujo.

Zaha empezó a sentir gran atracción por la arquitectura cuando su tía se construyó una casa y recibían la visita del arquitecto, un amigo de su padre, que les enseñaba planos y dibujos. Poco después, a los 7 años, un viaje a España alimentó aquel incipiente interés. Estuvo en Madrid, Sevilla, Granada y Córdoba, donde visitó la mezquita, que le causó una profunda impresión. "Hay muchos otros lugares extraordinarios, pero el contraste entre la oscuridad y la iglesia central de mármol no he podido olvidarlo. Se adelantó siglos a los proyectos híbridos que construimos hoy", declaró en una entrevista.

El segundo momento de su infancia que marcó su camino hacia la construcción de edificios fue una visita a las ruinas sumerias del sur de Irak, donde se levantaron las primeras ciudades de la historia. "Mis padres me llevaron cuando era adolescente. Fuimos en barco y después recorrimos las marismas de aquella zona en una barca más pequeña hecha de cañas. La belleza del entorno, donde la arena, el agua, la vegetación, los pájaros, la gente, los edificios y las aldeas se fundían, nunca me ha abandonado. Es un paisaje que sigue inspirándome, porque me gustaría crear edificios que conecten con las ciudades contemporáneas y la vida de sus gentes".

Educada en Bagdad, Suiza, Líbano y Londres

Recibió una educación moderna en un colegio francés de Bagdad, dirigido por monjas pero multirreligioso -había alumnos judíos, católicos y musulmanes- y continuó su escolarización en un internado suizo, la Berkhamsted School for Girls. Después se matriculó en la Universidad de Beirut (Líbano) para cursar Matemáticas y, cuando acabó en 1972, se mudó a Londres para estudiar allí en la escuela de Arquitectura.

En 1977, se licenció y empezó a trabajar en el despacho de uno de sus profesores, el arquitecto Rem Koolhaas, antes de abrir en 1980 su propio estudio, Zaha Hadid Architects, que hoy emplea a 400 personas. Nunca se casó ni tuvo hijos. "Si la arquitectura no te mata es que no eres bueno. Lo digo en serio. Tienes que dedicarle todo el tiempo, no puedes permitirte el lujo de hacerlo intermitentemente", afirmaba.

Su estilo, calificado por los expertos como una mezcla de curvas sensuales y modernismo geométrico, le granjeó una sólida reputación desde que, en 1989, el dueño de la empresa alemana de mobiliario de diseño Vitra le encargó construir una estación de bomberos. A finales de los 90, Hadid se lanzó a llevar adelante proyectos poco habituales, como un intercambiador de transportes en Estrasburgo (Francia) o el trampolín para salto de esquí de Bergisel en Innsbruck (Austria). Entre sus trabajos más destacados y que le han reportado más reconocimiento se encuentran el Museo Nacional de Arte del Siglo XXI (Maxxi) de Roma; la terminal de ferris de Salerno; el Rosenthal Center de Cincinatti; la Ópera de Guangzhou, en China; el Centro Acuático de los Juegos Olímpicos de Londres y el Centro Cultural Heydar Aliyev en Bakú (Azerbaiyán).

Una obra que no verá finalizada es el Estadio de Al-Wakrah, que diseñó para el Mundial de fútbol de Qatar del 2022 y que aún está en construcción.

Varias obras en España

En España también ha dejado huella: el Pabellón Puente de Zaragoza, construido en el 2008 para la Expo del Agua, la sede central de Eusko Tren en Durango (Vizcaya), el hotel Silken Puerta América de Madrid y la ampliación de la bodega López Heredia Viña Tondonia, de Haro, en La Rioja. En contrapartida, hay dos ciudades españolas que se han quedado sin un edificio de Hadid: Sevilla, donde proyectó la Biblioteca de la Universidad, cuyas obras fueron demolidas en el 2012 por quejas de los vecinos, y Barcelona, que suspendió la construcción de la Torre Espiral en el 2011 por culpa de la crisis económica. Por toda esta obra y por su capacidad de reinventar el espacio, Hadid fue la primera mujer en recibir el Premio Pritzker, el "Nobel" de arquitectura, en el 2004. "Ms. Hadid se ha visto cada vez más reconocida mientras continuaba ganando concurso tras concurso, siempre luchando para conseguir que sus originales propuestas se construyeran. Ha usado las experiencias en esos concursos como un laboratorio para perfeccionar su talento excepcional en la creación de un lenguaje arquitectónico como ningún otro", anunció el jurado del prestigioso galardón. Además, ganó dos veces el premio más prestigioso de arquitectura del Reino Unido, el RIBA Stirling, y ostentaba la Orden de las Artes y las Letras de la República de Francia, y, desde el 2012, el de dama de la Orden del Imperio Británico.

Pero a Zaha no le resultó fácil llegar tan lejos. Convencida de que los edificios deben alimentar el alma, superó derrotas inesperadas antes de alcanzar la gloria. Por ejemplo, en 1982, se impuso a 600 colegas para hacer The Peak, un "spa" de lujo en Hong Kong que no se construyó; lo mismo ocurrió con un edificio de oficinas en Berlín y con la Ópera de Cardiff, en Gales, donde ganó el concurso pero finalmente se impuso un diseño más  conservador. "Ser mujer, inmigrante, árabe, autosuficiente y dibujar de manera extraña no me ha facilitado las cosas. Pero me ha permitido ser", decía. Y ahí radicaba su fuerza: "Los no que recibes te hacen más perseverante. Podría haber tirado la toalla, pero no lo hice porque sabía que había mucho por hacer. Cada uno ha sido un desafío", solía decir.

Aparte de ser inmune a quienes despreciaban su estilo arquitectónico tachándolo de extravagante y elitista, Zaha fue siempre crítica con el poder masculino de la arquitectura, lo que ella llamaba "el club de los chicos". Siempre les preguntaba a quienes la tachaban de diva: "¿Me llamarían diva si fuese un hombre?". Y en el 2013, en una entrevista, aseguró: "Antes se pensaba que una arquitecta no era capaz de  tomar a su cargo un gran proyecto comercial y que era más apta para las propiedades residenciales, los edificios públicos o los centros de recreo. Estoy segura de que como mujer puedo hacer un excelente rascacielos. No es algo exclusivo de los hombres". Últimamente reconocía que la situación estaba cambiando, aunque todavía no se había normalizado.

Una enamorada del cine y de la moda

Zaha era una gran amante del cine ("Visconti, me encanta, y también muchas películas de Pedro Almodóvar, como "Los abrazos rotos" con Penélope Cruz"), el hip-hop y la moda. Sentía debilidad por los diseños del japonés Issey Miyake y colaboró con Karl Lagerfeld, el director creativo de Chanel, así como con la firma Lacoste, para quien hizo unos zapatos en cuero con relieve de olas tridimensionales; también creó un bolso para Louis Vuitton y un frasco de perfume para Donna Karan, entre otras muchas incursiones en el mundo de la alta costura. "Me interesa la moda porque te da una idea de qué será lo siguiente; es mucho más rápida que la arquitectura", confesaba en una entrevista Zaha, que llegó a diseñarse su propia ropa.

La muerte le sorprendió en Miami, una de sus ciudades preferidas y donde estaba embarcada en el proyecto One-Thousand-Museum, su primer edificio residencial en el continente americano. Primero tuvo que ser ingresada aquejada de una bronquitis pero, el 31 de marzo, sufrió un repentino ataque cardiaco que acabó con su vida. No con su obra, que queda para siempre.


miércoles, 21 de enero de 2026

Liza Minnelli: La estrella de "Cabaret"

 


Liza May Minnelli nació el 12 de marzo de 1946 en Hollywood. Fue la única hija del matrimonio formado por Judy Garland, actriz y cantante, y el segundo de sus cinco maridos, el director  Vincente Minnelli. Eso propició que Liza creciera en los estudios de la Metro Goldwin Mayer, donde sus padres trabajaban. Con tan solo 3 años, apareció por primera vez en el cine en "In the good Old Summertime", protagonizada por Judy y Van Johnson y, a los 8, bailó en Broadway con su madre. Empezó a tomar clases de baile  con el coreógrafo Nico Charisse y admiraba profundamente a Fred Astaire y a Gene Kelly. Sin embargo, Liza quería ser patinadora de hielo, porque la respuesta del público era más inmediata mientras que los rodajes de cine le parecían muy aburridos. Su vocación le llegó a los 13 años, cuando quedó fascinada por el teatro de Broadway.

En 1951, sus padres se divorciaron y, un año más tarde Judy se casó con Sydney Luft, padre de sus hijos Lorna y Joel, y Vincente hizo lo propio con Georgette Magnani, con quien tuvo  Cristiana Nina.

Una madre neurótica y un padre soñador

De su niñez, Liza recuerda que "crecí en la meca del cine, al igual que otras decenas de hijos de estrellas, y no me sentía especial en comparación con otros niños, ya que no conocía otra realidad". Sobre sus padres siempre ha dicho que "mi madre era una artista muy neurótica, bastante estricta y siempre me decía lo que tenía que hacer o llevar. En el fondo era amable y amorosa, pero prefería ir a casa de papá, una persona muy calmada que me colmaba de felicidad. Mamá me dio el empuje, pero papá alimentó mis sueños".

A los 16 años, la joven Liza dejó la escuela, se marchó de casa y, en contra de la opinión de sus progenitores, se trasladó a Nueva York con la firme intención de ser una actriz reconocida. Su primer éxito lo logró en 1963 con "Best food forward", que estuvo siete meses en cartelera y dio título a su primer disco. Un año después, Judy invitó a su hija a su célebre "show" del London Palladium, estableciéndose una relación de tira y afloja entre ambas. Tal y como recordó posteriormente en una entrevista a "The New York Times", "mamá se dio cuenta de que era buena... Hubo momentos en los que me sonreía e instantes después se convertía en una leona que protegía el escenario como si alguien le estuviera invadiendo el territorio". Durante esos conciertos, Liza conoció a Peter Allen, un protegido de Judy que se convertiría en su primer marido en 1967. A los 19 años, Liza Minnelli empezó a saborear las mieles del éxito ganando su primer Tony -el Oscar teatral- por la obra "Flora the red menace", en 1967 intervino en su primera película, "Charlie Bubbles" y, a los 23, consiguió su primera nominación al Oscar por "The Sterile Cuckoo" (1969). Ese mismo año su madre falleció tras un largo calvario de inestabilidades psíquicas y adicciones a las drogas y el alcohol, siendo una sobredosis de barbitúricos lo que acabó con su vida. Liza, que siempre se caracterizó por su carácter optimista, se sumió en una depresión.

Un Oscar a los 23 años

Pero, como suele decirse, el espectáculo debe continuar y, en 1970, realizó su primer especial en televisión para la NBC "Liza", y salió de gira con sus números. Tras superar un duro "casting", fue la elegida para protagonizar "Cabaret" de Bob Fosse, que la catapultó a la fama internacional. Recibió el aplauso del público, la crítica la elevó a lo más alto y fue galardonada con los mas reputados premios por su interpretación, entre ellos, el Oscar, el Globo de Oro, el British Academy Award y el Entertainer of the Year de la American Guild of Variety Artists.

La década de los setenta fue una de las más fructíferas en su vida. Grabó más de una decena de discos, participó en varios programas e intervino en siete películas, entre ellas "New York, New York" (1977), junto a Robert de Niro, en la que popularizó la canción del mismo nombre, que luego interpretaría Sinatra, su querido mentor durante los primeros años de Liza en la Gran Manzana.

No pudo ser madre, lo que la marcó de por vida

En 1972, la actriz se divorció de Peter y, dos años más tarde se casó con Jack Haley Jr., productor y director, cuyo padre interpretaba al Hombre de Hojalata en "El mago de Oz" junto a Judy Garland. Durante ese matrimonio, Liza tuvo un aborto en el quinto mes de gestación -posteriormente tuvo dos más-, un hecho que la marcó de por vida. En esa época, se dejó ver asiduamente por la célebre discoteca "Studio 54" de Nueva York, junto a Andy Warhol, Elizabeth Taylor, Salvador Dalí o Bianca Jagger, viviendo las noches más alocadas de su vida. En 1976, protagonizó "Nina", la última película de su padre, que falleció 10 años después. Recién estrenada la década de los 80, Liza se divorció de Jack para, unos meses más tarde, casarse con el escultor Marc Gero.

A partir de ese momento, su vida entró en una espiral autodestructiva. Rodó la película "Arthur", grabó el disco "Live at Carnegie Hall", realizó una gira internacional y ganó otro Tony, pero a pesar de su éxito o, a causa de él, su vida personal estaba fuera de control. Como su madre, comenzó a abusar del alcohol y de ciertos  fármacos, mostrándose cada vez más agresiva, olvidadiza y huraña. En 1984, ingresó en la clínica de rehabilitación Betty Ford -donde era asidua su gran amiga Elizabeth Taylor- y, durante varios meses se sometió a una intensa terapia. En 1985, resurgió de sus cenizas y consiguió su segundo Globo de Oro por el telefilme "A time to live". Sin embargo, a pesar de este renacer, sus nuevas películas tuvieron poco éxito y se fue  refugiando en la televisión apareciendo en algunas series o documentales.

Sufrió una encefalitis

En 1988, realizó un exitoso tour mundial junto a Frank Sinatra y Sammy Davis Jr llamado "The ultimate event", y, un año después, los Pet Shop Boys produjeron su disco "Results". En 1990, recibió un Grammy en reconocimiento a toda su carrera y, al año siguiente, se divorció de su tercer marido. Cinco años  más tarde sustituyó a Julie Andrews en Broadway en el musical "Víctor o Victoria" y parecía que había encarrilado su vida, pero volvió a ser ingresada  para rehabilitarse  de sus adicciones. A los 54 años, sufrió una encefalitis aguda que a punto estuvo de postrarla en una silla de ruedas para siempre. "Soy una persona extremadamente optimista. Amo la vida y me niego a estar en esta situación", confesó. Sus ejercicios y sus clases de baile diarios, así como su gran fortaleza la ayudaron a resurgir nuevamente. Y, una vez más, se volvió a casar, esta vez, con el productor David Gest, teniendo como padrinos a Elizabeth Taylor y Michael Jackson. Pero los problemas entre el matrimonio no tardaron en surgir y, un año después, en el 2003, se separaron. A lo largo de su complicado divorcio, que duró cuatro años, David exigió a su mujer una compensación de seis millones de euros tras acusarla de agresión cuando estaba borracha. Finalmente, la actriz y cantante obtuvo el divorcio en el 2007. Durante su visita a España, en el 2007, comentó con gracia sobre sus adicciones que "muchas estrellas jóvenes de hoy en día están fuera de control por sus continuos abusos de las drogas y el alcohol y eso les hace ser glamurosas. Si ir a una clínica de rehabilitación está de moda, yo soy la más glamurosa del mundo".

Con más de cuarenta años de exitosa carrera, Liza es una auténtica superviviente. Tiene dos implantes de cadera, la han operado tres veces de las rodillas, recae continuamente en sus problemas con el alcohol y sale victoriosa de las rehabilitaciones. Es una de las pocas actrices que tiene en su haber un Oscar, un Grammy, un Emmy, dos Globos de Oro y tres Tony y la única cuyos padres también tuvieron su Oscar. Es una estrella nacida de dos estrellas.



martes, 20 de enero de 2026

Wallis Simpson: La mujer por la que abdicó Eduardo VIII

 


Bessie Wallis Warfield nació el 19 de junio de 1896 en Blue Ridge Summit, una localidad cercana a Baltimore (Estados Unidos), ciudad en la que residía la adinerada familia de su padre, Teackle Wallis Warfield. La niña fue el único retoño de éste y Alice Montague. De salud delicada, su progenitor falleció cuando ella tenía sólo 7 meses y el hermano de su padre, Solomon Warfield, se hizo cargo de la educación de Bessie hasta que la madre de ésta contrajo matrimonio de nuevo, en 1908. Por aquel entonces, la niña ya daba muestras de un fuerte carácter y fue ella quien decidió que la llamaran por su segundo nombre, Wallis. Educada en los mejores colegios de Baltimore, en la adolescencia asombraba a sus compañeras luciendo un atrevido peinado con el cabello corto y rizado.

A los 19 años, fue a visitar a su prima Corinne a Florida, donde conoció al teniente Earl Winfield Spencer, con el que contrajo matrimonio siete meses después, en noviembre de 1916, pero, durante su luna de miel, la joven se dio cuenta de que su esposo tenía serios problemas con la bebida. El consumo de alcohol provocaba que el teniente se volviera irascible y, a lo largo de su matrimonio, Wallis tuvo que soportar episodios de violencia física. En una ocasión, su marido la encerró durante toda la noche en el lavabo. Para ella, aquello fue la gota que colmó el vaso y decidió pedir el divorcio. Su familia no veía con buenos ojos la iniciativa, pues lo consideraba un desprestigio dada su posición social. La joven se instaló en Washington, donde conoció a un diplomático argentino, Felipe Espil, a quien ella definió como "un maestro en el arte de vivir". Su historia de amor duró dos años y, tras la ruptura, en 1924, Wallis intentó reconciliarse con su todavía marido. Aunque, durante unas semanas, la pareja convivió plácidamente, Earl no había dejado de beber y volvieron las discusiones, por lo que Wallis solicitó formalmente el divorcio.

Se instaló en Londres con su segundo marido

Poco tiempo después, entró en su vida Ernest Simpson, hijo de un destacado naviero británico. Se enamoraron y se instalaron en Londres. Cuando ella obtuvo el divorcio de su primer marido, contrajeron matrimonio, el 21 de julio de 1928. Wallis se adaptó a la perfección a su nueva vida en Gran Bretaña, donde alternó de manera habitual con la alta sociedad. La joven estadounidense entabló amistad con Consuelo Thaw, hermana de Thelma Furness, quien entonces era amante del príncipe de Gales. En noviembre de 1930, Consuelo fue invitada a una cacería en la que también participó el futuro Eduardo VIII, pero ésta no pudo asistir y propuso que su lugar lo ocupara el matrimonio Simpson. Aquello propició el primer encuentro entre Wallis y el que sería su tercer marido. Según contó a sus allegados, lo que más le llamó la atención entonces fue la escasa estatura del príncipe, aunque, desde el principio, reconoció que tenía unos modales excelentes y una naturalidad cautivadora.

Wallis Simpson y el heredero de la corona británica coincidieron en diversas reuniones sociales y se convirtieron en grandes amigos. La llama del amor se iba encendiendo poco a poco y fue en 1933 cuando el príncipe le hizo su primer regalo: una orquídea.

Inició su romance con el príncipe estando aún casada

A lo largo de 1934, el heredero la agasajó con joyas y, en verano, invitó al matrimonio Simpson a pasar unas semanas con él en una villa de Biarritz, al sur de Francia. Ernest no pudo ir al encontrarse en Estados Unidos y, aunque Wallis acudió acompañada de su tía Bessie para que actuara de carabina, la pareja inició un romance que alteraría el curso de la historia. El crucero por el Mediterráneo a bordo del yate "Rosaura" resultó inolvidable para ambos. "Traspasamos la frontera de la amistad al amor", relató ella en sus memorias, "El corazón tiene sus razones". "Por mucho que me esforzaba, no entendía cómo el hombre con más encanto del mundo podía estar seriamente atraído hacia mí", escribiría décadas después. A pesar de que seguía formalmente casada con Ernest Simpson, éste no se opuso en ningún momento a la nueva relación de su esposa. De hecho, él mismo también había encontrado una nueva compañera, Mary Kirk, y ambos estuvieron de acuerdo en iniciar los trámites de divorcio.

El heredero a la corona británica empezó a plantearle a Wallis la posibilidad de que, cuando fuera libre, se convirtiera en su mujer. "No te dejarán nunca", le aseguró ella. A lo largo de 1935, prosiguió su historia de amor y el príncipe le regaló joyas cada vez más caras en las que estaba presente la inscripción WE, las iniciales de ambos, que coinciden con la palabra "nosotros", en inglés.

El 20 de enero de 1936 murió el rey Jorge V, padre de Eduardo, con lo que él se convirtió en el nuevo monarca. Pocos meses después, organizó una cena para presentar a la que sería su futura esposa a los políticos del momento, que le advirtieron que el enlace no sería bien visto ni por la familia real ni por sus súbditos. Eduardo VIII sugirió la posibilidad de un matrimonio morganático, es decir, que Wallis no pudiera ostentar el título de reina, pero ni sus allegados ni la clase política lo aceptaron, por lo que tomó la decisión de abdicar. El 11 de diciembre de 1936, el rey comunicó por radio a su pueblo que dejaba el trono y que le sucedería su hermano. Wallis oyó el discurso, con lágrimas en los ojos, en Cannes, donde se había refugiado cuando se inició el escándalo.

Una boda discreta en Francia

Convertido en duque de Windsor, Eduardo ya fue libre para casarse con su amada y la boda, una ceremonia privada, tuvo lugar en el castillo de Candé, en Francia, el 3 de junio de 1937. Durante 1938, el matrimonio residió en Cap d'Antibes hasta que se trasladó a una exclusiva mansión en el Bois de Boulogne de París. Allí los sorprendió el estallido de la Segunda Guerra Mundial y la invasión nazi de Francia en 1940. Los duques lograron salir del país y llegaron a España. Eduardo, de quien se ha apuntado que sentía simpatías hacia el régimen de Hitler, se negó a volver a su país hasta que a su esposa se le reconociera el título de Alteza Real. Finalmente, las autoridades le ofrecieron el cargo de gobernador de las Bahamas mientras durara la contienda. Durante los cinco años que estuvieron en estas islas, los duques se ganaron el cariño de la población. Wallis, nombrada jefa de la Cruz Roja, creó el primer centro de maternidad para mujeres de color del país y también colaboró en la cantina a la que acudían los militares británicos.

Terminada la guerra, el matrimonio regresó a su mansión parisina. A partir de entonces, su rutina consistió en pasear a sus perros y en alternar con la alta sociedad. Durante las décadas de los 50 y los 60, fueron frecuentes sus viajes a Estados Unidos, donde asistieron a fiestas con compañías como los Rotschild o los reyes de Yugoslavia. En estos eventos a la duquesa le encantaba lucir modelos de alta costura y las carísimas joyas que su marido le regalaba. La rumorología apunta que, durante su matrimonio con Eduardo, Wallis tuvo más de un amante. Joachim von Ribbentrop, ministro de Asuntos Exteriores de Hitler, o el "playboy" Jimmy Donahue fueron dos de los hombres con los que habría mantenido relaciones.

La frustración de no haber podido ser madre

Aunque la duquesa ya tenía 40 años cuando se casó con Eduardo, nunca descartó la idea de ser madre hasta que, por motivos médicos, tuvo que ser sometida a una histerectomía. "Toda mujer que ha sido amada como yo lo he sido ha conocido la vida en su plenitud. A pesar de todo, existe una sombra: no he sentido jamás la alegría de ser madre", se lamentaba en sus memorias.

Tras la subida al trono de Isabel II, la relación de los duques con la familia real mejoró, aunque no fue hasta 1967 cuando el matrimonio tomó parte en un acto público en Londres junto con la reina. A lo largo de la década de los 60, la salud del duque de Windsor, fumador empedernido, se había ido deteriorando y, en 1971, se le diagnosticó un cáncer de garganta. El 28 de mayo de 1972, Eduardo falleció en su mansión parisina y sus restos fueron trasladados a Londres, donde recibió sepultura en el cementerio privado real de Frogmore. La duquesa, a la que tras el fallecimiento de Eduardo se le concedió el título de Alteza Real, asistió al entierro de su marido, pero enseguida volvió a Francia.

Retirada en la casa del Bois de Boulogne, vivió 14 años sin su amado esposo. Enferma de artritis y arterioesclerosis, fue perdiendo movilidad hasta quedar postrada en una silla de ruedas. Una bronconeumonía empeoró su ya delicado estado de salud, provocándole la muerte, a los 89 años, el 24 de abril de 1986. Fue enterrada junto a Eduardo.



lunes, 19 de enero de 2026

Sabino Fernández Campos: Ex secretario y ex jefe de la Casa del Rey


Sabino Fernández Campo nació el 17 de marzo de 1918 en Oviedo (Asturias). Hijo único de un próspero comerciante asturiano, tuvo una infancia apacible y llena de facilidades. Acabado el bachillerato ingresó en la Universidad de Oviedo para cursar Derecho, pero sus estudios se vieron interrumpidos por el estallido de la Guerra Civil, que pasó en el bando nacional tras haberse incorporado voluntario a las milicias de la Falange. Aunque le atraía la diplomacia, acabada la contienda eligió la carrera militar e ingresó en el Cuerpo de Intervención del Ejército, al mismo tiempo que se licenciaba en Derecho y se diplomaba en Economía de guerra. Militar de despacho, fue profesor y jefe de estudios de la Academia de Intervención Militar e interventor de la Casa Militar del general Francisco Franco. Destacó en la supervisión de las industrias de guerra y en la secretaría del Ministerio del Ejército, donde trabó amistad con Alfonso Armada. Casado con Elena Fernández-Vega, el matrimonio tuvo 10 hijos: Elena, Margarita, Cristina, Isabel, Eugenia, María José, Álvaro, Sabino, Luis y Miguel.

Armada le recomendó como secretario del Rey

La falta de estímulos en su carrera militar y su ruptura matrimonial en 1974 -que llevó con enorme discreción dadas sus creencias religiosas- lo empujaron, tras la muerte de Franco, a dar el paso a la vida política. Fue precisamente el general Armada quien lo recomendó a Alfonso Osorio para el puesto de subsecretario de la Presidencia en el primer gobierno de la monarquía, y subsecretario del Ministerio de Información y Turismo en el siguiente gobierno que formó Adolfo Suárez. Armada fue también quien le recomendó para sustituirle como secretario de la Casa del Rey cuando Suárez consiguió que Juan Carlos cesara al general por su manifiesta oposición a la reforma política. Al parecer, también Nicolás Cotoner, marqués de Mondéjar, primer jefe de la Casa del Rey, había sido favorable al nombramiento de Sabino para ser el hombre que durante 16 años iba a ocupar el puesto de hombre de confianza del monarca, su principal consejero y organizador de la agenda de los Reyes. Meticuloso y muy trabajador, durante sus años como secretario general era siempre el primero que llegaba a la oficina y el último que se iba, en unas maratonianas jornadas de trabajo en las que controlaba hasta el último detalle de la vida oficial y familiar de los Monarcas. Cada noche, al llegar al apartamento en el que vivía en el edificio Colón de Madrid, dedicaba un rato a anotar en su diario todo lo que había sucedido durante el día. Nunca permitió que nadie leyera las muchas libretas que rellenó y tampoco sirvieron como apuntes para la publicación de un libro de memorias que le hubiera reportado ganancias millonarias. "Ha habido editoriales que me han dicho que pusiera yo la cantidad en el talón", había explicado Fernández Campo, cuya lealtad al servicio de la Corona nunca encontró precio. "Lo que tiene interés no puede contarse y lo que puede contarse no tiene interés", solía decir este hombre tremendamente conservador en sus ideas, de una despierta inteligencia, irónico, cultivado, algo vanidoso y muy socarrón.

Un "puente" entre la Zarzuela y la Moncloa

Cuando Sabino entró en la Zarzuela como secretario de la Casa del Rey en octubre de 1977 se acababa de aprobar la amnistía que liberaba a los últimos presos políticos de la dictadura, se habían firmado los Pactos de la Moncloa, la Constitución estaba en marcha y el PCE llevaba seis meses legalizado. En ese contexto, Fernández Campo se convirtió en la sombra de un jefe de Estado cuyas tareas todavía no estaban definidas. La perfecta sintonía que consiguió con Adolfo Suárez -su amistad llegó a tal punto que él supo que el presidente iba a dimitir antes que el Rey- le permitió desempeñar a la perfección el papel de "puente" entre la Zarzuela y la Moncloa en los difíciles años de la Transición. Sabino era militar y defensor a ultranza de la unidad de la patria, pero, a diferencia de muchos de sus compañeros de armas, creía en la supremacía de la Constitución. Por eso, en el intento de golpe de estado del 23-F, Fernández Campo y Alfonso Armada -pese a su amistad- estuvieron en bandos completamente diferentes. Aquella noche, Sabino formuló una frase que ha pasado a la historia: "Ni está, ni se le espera". Ésta fue la lacónica pero inequívoca respuesta que le dio al general José Juste, jefe de la División Acorazada Brunete, cuando por teléfono éste le preguntó si el general Armada ya había llegado a la Zarzuela. Según el historiador Andreu Mayayo, el secretario no fue consciente al principio de la trascendencia de su respuesta, pero, cuando colgó, tuvo una corazonada y se fue al despacho del Rey para impedir que el Monarca, que tenía al aparato a Armada, le diera permiso para que el general  golpista se trasladara hasta la Zarzuela para informarse de la situación. Alertado de que de esa forma intentaban relacionar a la Corona con la sublevación, don Juan Carlos ordenó a Armada que se quedara en su puesto y siguió el consejo de Sabino de grabar el mensaje del Rey que se emitió por televisión. Superado aquel momento decisivo para la democracia, Fernández Campo tuvo un papel importante en la educación de don Felipe.

En 1990, tras la jubilación del sempiterno marqués de Mondéjar, Sabino se convirtió en jefe de la Casa de Su Majestad y, dos años más tarde, el Rey le nombró conde de Latores, con Grandeza de España. Pese a ello, el cese estaba cerca. El 8 de enero de 1993, poco antes de cumplir 75 años, durante un almuerzo don Juan Carlos le dijo a la Reina: "Sofía, sabes que Sabino nos deja", Fernández Campo, que se quedó lívido, fue consciente de que el Rey había puesto punto final a su servicio. "Por una puerta salí yo y por la otra entró Mario Conde", había dicho explicando que el cese obedeció a las presiones del ex financiero, que entonces era muy amigo del monarca y quería colocar en el cargo a su amigo, Fernando de Almansa, vizconde y diplomático. Parece ser que también influyó el hecho de que don Juan Carlos, con una imagen ya consolidada tanto en España como en el extranjero, quería dejar de tener un "tutor" como Sabino. Hombre correcto, pero sin pelos en la lengua, Fernández había prevenido directamente al Soberano contra su amistad con Conde y había disentido de cuestiones como la entrevista del Rey a Selina Scott o el libro de Vilallonga. Paralelamente a su cese, Sabino fue nombrado consejero privado vitalicio del monarca aunque, como él explicó, jamás nadie le pidió asesoramiento alguno.

Segunda boda y cuatro hijos fallecidos

En 1994, un año después de que le concedieran el grado de teniente general, falleció Sabino, el primero de los cuatro hijos que han muerto antes que él. Católico practicante, no se casó en segundas nupcias con la periodista María Teresa Álvarez, a la que conocía desde hacía años, hasta haber enviudado, en 1993, de su primera esposa. En los últimos años recibió toda suerte de homenajes, condecoraciones y honores, y se le veía frecuentemente en convocatorias de la vida política, cultural y social. Liberado del corsé de su antiguo cargo, dejó ver su lado más conservador, pero sin perder el respeto: no le gustó la separación de doña Elena ni la promoción profesional de los Duques de Palma en Washington.

Fernández Campo falleció en Madrid el 26 de octubre de 2009, dos semanas después de haber sido operado de una oclusión intestinal. Acababa a los 91 años la vida de quien el Monarca había definido como "queridísimo, leal, fiel colaborador, amigo o jefe".

 

viernes, 16 de enero de 2026

Randy Pausch: El profesor que conmovió con su lección de vida

 


Randolph Frederick Pausch nació el 23 de octubre de 1960 en Baltimore (Estados Unidos). Fue el segundo hijo de Fred, propietario de un pequeño negocio de seguros automovilísticos, y Virginia, profesora de inglés. Creció en el seno de una familia de clase media acomodada del estado de Maryland, pero sus progenitores jamás permitieron que el dinero se malgastara en cosas superfluas. Randy, como lo llamaban sus familiares y amigos, era un chico feliz y consideraba que le había tocado la lotería con los padres que tenía, ya que durante su infancia aprendió unos valores que llevó a rajatabla durante su vida.

Muy aficionado al fútbol americano

Como estudiante siempre fue un empollón, martirizaba a sus profesores con preguntas, le encantaba jugar al ajedrez, seguía con devoción los capítulos de Star Trek y adoraba el fútbol americano. Su pasión por el deporte se la debía a su padre que, a los nueve años, lo había apuntado en el equipo de la escuela, donde desarrolló su cuerpo y su espíritu. Al regresar a casa hacía los deberes, cenaba con su familia y, luego, se dedicaba a leer y a consultar la enciclopedia World Book, una de las más importantes del mundo.

Tras graduarse en la Oakland Mills High School de Columbia, se licenció en 1982 en Ciencias de la Computación por la Brown University y, seis años más tarde, obtuvo su doctorado en la misma disciplina por la Universidad Carnegie Mellon. Junto a Don Mainelli fundó la CMU's Entertaintment Technology Center (ETC), fue profesor en la Universidad de Virginia durante casi una década y trabajó para la Walt Disney Imagineering y la Electronic Arts (EA). Además, fue el fundador del proyecto de software Alice, escribió cinco libros y más de 70 artículos especializados.

Jai, la mujer con la que se casó y tuvo tres hijos

A medida que iban pasando los años, Randy se fue convirtiendo en "el tío soltero". Su vida habían sido los estudios y, aunque tenía un natural simpático y juerguista, no encontraba la mujer que le robara el corazón. Durante la veintena y treintena se lo pasaba en grande cuidando a sus sobrinos, Chris y Laura, hijos de su hermana Tammy. Tenía ya asumido que no se casaría ni sería padre, cuando, a los 37 años, se cruzó en su camino Jai. Randy había acudido a la Universidad de Carolina del Norte para dar una conferencia y Jai, de 31 años, trabajaba a tiempo parcial en el departamento de Ciencias Informáticas. Ella ya le conocía porque el año anterior había ido a una de sus conferencias, pero su timidez le había impedido entonces acercarse a él. Así que, en esta ocasión, decidió consultar la web de Randy para conocerle mejor y averiguar sus gustos e indagó si no se había casado por ser gay. "No, no lo es. Simplemente le cuesta sentar la cabeza", le dijeron. Cuando se vieron, Randy se enamoró a primera vista de aquella mujer de larga melena oscura y sonrisa cálida. El corazón de Randy latía a mil por hora cada vez que la veía, sentía cosquilleos en el estómago y se las ingeniaba para acabar cuanto antes las reuniones para reunirse con su chica. La distancia fue un problema, ya que ambos vivían a miles de kilómetros pero, cuando llegó el momento de compartir piso, Jai se echó atrás, asustada, ya que su primer matrimonio había fracasado. Randy le mandó una docena de rosas y una nota: "Aunque me entristece profundamente, respeto tu decisión y te deseo lo mejor". Aquello surtió efecto y Randy y Jai se casaron bajo un roble centenario en el jardín de una famosa mansión victoriana de Pittsburg. A principios del 2002 nació su primer hijo, Dylan. En el 2005 lo hizo Logan y, a principios del 2007, una niña: Chloe.

Diagnóstico fulminante: cáncer de páncreas

Eran una familia feliz, que se divertía con las pequeñas cosas de la vida cotidiana. Pero en el verano del 2006 la felicidad se truncó y empezó su odisea médica. A Randy le hicieron unas pruebas, ya que sufría unos ligeros dolores en la parte alta del abdomen, y el diagnóstico fue fulminante: cáncer de páncreas. "Cuando me enteré de la noticia, uno de mis doctores me aconsejó que era muy importante que me comportara como si fuera a seguir por aquí una temporada, a lo que le contesté: 'Doctor, acabo de comprarme un descapotable nuevo y me he hecho la vasectomía. ¿Qué más quiere que haga?". Decidió enfrentarse a la enfermedad con mucho optimismo, creó una web en la que, a modo de diario, escribía sus inquietudes y pensamientos, le operaron, probó todo tipo de medicamentos y quimioterapia experimental, pero todo fue inútil. Tenía metástasis. Con todo, se aferró a la vida y, lejos de hundirse, pasó todo el tiempo que tenía junto a su familia.

El 18 de septiembre de 2007, Randy aceptó la invitación de la Carnegie Mellon para cumplir con una tradición académica denominada "La última lección", por la que un profesor dicta una lección como si fuera a ser la última de su vida.

No cambiar las cartas, sí la manera de jugarlas

Ninguno de los 400 estudiantes y colegas que asistieron podían esperar que aquella sí que iba a ser una última lección para Randy Pausch, pero lo primero que dijo fue que tenía cáncer de páncreas y que los médicos le daban entre tres y seis meses de vida. "No podemos cambiar las cartas que se nos reparten, pero sí cómo jugamos nuestra mano", aseguró y, con gran sentido del humor y un positivismo asombroso, deleitó a los presentes. "Estoy intentando meterme en una botella que un día aparecerá en la playa para mis hijos", concluyó con una sonrisa. Aquella conferencia, titulada "Cómo cumplir verdaderamente los sueños de tu infancia", se convirtió en un éxito mundial gracias a los más de 10 millones de descargas en YouTube y a la publicación del libro "The last lecture" (La última lección), traducido a 32 idiomas.

Sueños infantiles que se habían cumplido

En su exposición, no quiso hablar de cáncer, sino de sus sueños infantiles que, por fin, había cumplido en mayor o menor grado: estar en gravedad cero, jugar en la liga de fútbol americano, firmar un artículo en la enciclopedia World Book, participar en Star Trek, ganar un peluche y ser un creativo de Disney. "Jai y yo nunca les hemos dicho que me estoy muriendo, de modo que mis hijos ignoran que cada encuentro con ellos es una despedida. Me duele pensar que cuando sean mayores no tendrán a su padre. Cuando lloro no acostumbro a pensar en las cosas que no les veré hacer. Me centro más en lo que van a perder ellos que en lo que yo me perderé. No dejo de pensar en lo que no tendrán ni harán. Y eso, cuando no consigo reprimirme, me destroza por dentro. Por eso intento compartir con ellos cosas imposibles de olvidar. Quiero que me recuerden con la máxima nitidez posible. Por ejemplo, me fui con Dylan de vacaciones para nadar con los delfines, no creo que un niño olvide esto fácilmente. También me gustaría llevar a Disney World a Logan y, respecto a Chloe, soy consciente que no recordará nada, pero quiero que crezca sabiendo que fui el primer hombre que se enamoró de ella".

Éste es tan sólo uno de los extractos de "La última lección", que en España publicó la editorial Grijalbo con una primera tirada de 150.000 ejemplares. Tras ser considerado por la revista "Time" como una de las cien personas más influyentes del mundo, Randy falleció el 25 de julio de 2008.